En los últimos tiempos, el mercado textil argentino se ha visto atravesado por una mayor presencia de productos importados. Esta realidad genera inquietud en muchos actores de la industria local, especialmente en un contexto económico complejo y con una carga impositiva elevada. Sin embargo, desde Textil Turdera creemos firmemente que cuando se ofrece un producto de alta calidad a un precio verdaderamente competitivo, el ingreso de mercadería importada no representa una amenaza, sino un desafío que se puede afrontar con solidez y convicción.
La experiencia demuestra que el consumidor valora cada vez más la calidad real del producto, la durabilidad, el tacto, el calce y la coherencia entre precio y prestación. Cuando un artículo cumple con estos atributos, logra posicionarse con fuerza en el mercado, independientemente de su origen. En este sentido, competir no es una cuestión de volumen ni de dumping, sino de propuesta de valor.
Muchos de los productos importados que ingresan hoy al país están fabricados con un alto porcentaje de fibras artificiales o sintéticas, priorizando el bajo costo por sobre la calidad, el confort y la vida útil de la prenda. A esto se suma una realidad que no puede ignorarse: en numerosos casos, estos productos provienen de sistemas productivos donde la mano de obra es precarizada o directamente explotada, con escasa o nula intervención de recursos humanos profesionalizados y sin estándares éticos comparables a los de la industria nacional.
En contraposición, la producción textil local —y particularmente la que impulsamos en Textil Turdera— se basa en algodón de alta calidad, procesos cuidados, conocimiento técnico, experiencia y trabajo genuino. Detrás de cada prenda hay personas capacitadas, controles, compromiso y una cadena de valor que genera empleo real y desarrollo.
Todo esto cobra aún más relevancia si se tiene en cuenta que la industria textil argentina opera con una presión impositiva superior al 53%, un dato que no puede soslayarse. A pesar de esta carga fiscal, que impacta directamente en los costos, seguimos siendo competitivos. Esto no es casualidad: es el resultado de eficiencia productiva, optimización de procesos, escala, y una decisión estratégica clara de no resignar calidad.
Competir en este contexto no significa entrar en una guerra de precios sin sentido, sino demostrar que es posible ofrecer un producto superior, honesto y consistente, a un valor que el mercado reconoce como justo. La fortaleza de la industria nacional está en su capacidad de adaptarse, innovar y sostener estándares elevados aun en escenarios adversos.
En definitiva, la apertura de importaciones no debe interpretarse únicamente como una amenaza, sino como una oportunidad para reafirmar aquello que nos distingue. En Textil Turdera creemos que el futuro pertenece a quienes apuestan por la calidad, el trabajo profesional y el compromiso con el consumidor. Y estamos convencidos de que, bajo esos valores, la industria textil argentina no solo compite: se impone.